Punta del Sabre (3136 m.) y Gran Bachimala (3177 m.)


Por fin la méteo nos dio una pequeña tregua y pudimos realizar una salida montañera con el Club Litera de Binéfar. Últimamente la mala climatología había ido abortando las ascensiones programadas por la sección de montañismo del Club Litera , pero este pasado domingo pudimos acabar con la mala racha ascendiendo a dos grandes cumbres, la Punta del Sabre de 3136 metros y tras recorrer la cresta que los separa el Gran Bachimala de 3177. La ascensión comenzó junto al refugio de Biadós, con el cielo cargado de nubes que ocultaban las cimas de los picos de Eriste, y la imponente cresta de Espadas. La senda comienza a subir retorciéndose entre un pequeño bosque de pinos, y rápidamente gana altura hasta alcanzar la bucólica cabaña del Sarrau, un mirador privilegiado del macizo de Espadas-Posets. Ahora el camino discurre más suave entre prados y al fondo ya se adivina el collado de La Señal de Biadós, a nuestra izquierda peleándose con las nubes reconocemos a los picos de Culfreda. Según nos vamos acercando al collado un tímido sol intenta abrirse paso entre las nubes de Posets, y nos hace albergar esperanzas de que acierte la méteo que pronosticaba cielos despejados para el mediodía. Cuando llegamos al collado de la Señal de Biadós, ya casi tocamos la nube que envuelve todo el macizo de Bachimala, hacemos un breve avituallamiento y nos lanzamos  a por la montaña que ya no hace concesiones. La primera rampa es muy dura, y pone a prueba los pulmones de los montañeros literanos, tras abandonar la ruta de Bachimala nos encaramamos a la arista y comienzan las primeras trepadas. Cuando llegamos frente a un imponente muro, nos colocamos los cascos y los arneses y con todo el material preparado comenzamos a trepar por la pared, con mucha precaución vamos ascendiendo con buenos agarres y un patio espectacular no apto para personas con vértigo. El fuerte desnivel hace arder nuestras piernas, pero rápidamente llegamos a un nuevo tramo de cresta que nos aproxima a la pirámide cimera, que alcanzamos con un fácil trepada. Atrapados en la niebla tenemos que imaginar el paisaje que se nos oculta, y como el frío es intenso aquí arriba, nos hacemos la foto de grupo y atacamos la cresta hacia el Gran Bachimala. Toda nuestra concentración está en nuestros pies y manos, el vacío no se ve pero se intuye bajo nosotros y un pequeño descuido podría ser fatal. Trepando y destrepando vamos recorriendo la cresta hasta alcanzar la cima del Gran Bachimala, donde el frío cada vez es más intenso y paramos lo justo para hacernos unas fotos. El descenso por esta vertiente es cómodo y sin contratiempos llegamos a la base de la montaña, donde paramos por fin a comer.

 

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