Puntons Royos o Peña La Una (2.721m)


La sección de Alpinismo del Club Litera Montaña escogió la Bal de Chistau para realizar su salida promocional del mes de Octubre. Así fue como la veintena de participantes, acompañados por nuestro “guía local” Joaquín, recorrieron el bello pero indómito rincón del macizo del Cotiella más cercano a la Basa de la Mora o Ibón de Plan. Partieron de Binéfar temprano, a las 5:00, ya que el desplazamiento es largo: primero hasta la localidad de Saravillo, y después hasta el refugio de Labasar por un largo camino de tierra (de pago, 3€/día, que se dedican a conservar el camino).

Basa de la Mora

Basa de la Mora. Peña la Una es el pico de arriba a la derecha.

En el refugio, bajo los primero rayos de sol, comenzaron a caminar por el bosque, ganando altura rápidamente. Pronto se encontraron rodeados de viejos troncos de pino negro e inmensas canchaleras. Giraron al este para recorrer el lomo de un largo cresterío que los dirigió hacia el collado de la Ribareta. Inmensas agujas y paredes de piedra caliza esculpían el paisaje más cercano, mientras el fondo lo dominaban las vistas al Pirineo y la Bal de Chistau. Una vez en el collado quedaba lo más difícil, la Peña la Una no es pico frecuentado debido a su terreno escarpado y descompuesto. Con paciencia y tiento los montañeros se aproximaban a la cima, pero un complicado y expuesto paso justo antes de ella privó del acceso al punto más alto a los menos experimentados, por prudencia. Aún así pueden sentirse satisfechos porque hasta donde ellos llegaron no llega mucha gente. Los que hicieron cima lo hicieron fugazmente, para regresar con sus compañeros al collado de la forma más rápida y segura, lo que se cumplió sin contratiempo. De nuevo en el collado, dedicaron un tiempo a descansar y tomar algo antes de descender por un largo valle pedregoso flanqueado por grandes muros verticales y salpicado de simas que los condujo hasta uno de los lugares más bellos y conocidos del Pirineo: La basa de la Mora o Ibón de Plan. La luz de una tarde otoñal, los sonidos de un cercano rebaño de ovejas y la paz de las aguas del ibón formaban un conjunto de gran belleza que puso un broche de oro a esta exigente actividad. Tan sólo un kilómetro a través de una senda boscosa los separaba del punto de partida. Cuando llegaron a Saravillo tomaron algo en bar del pueblo, comentando lo vivido durante el día y, cómo no, haciendo nuevos planes para el futuro inmediato. Las últimas luces del día los acompañaron en su partida tras despedirse de Joaquín, su anfitrión en la Bal de Chistau.

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