Aneto (3.404m)


Una vez más y como cada año al inicio del verano, el Club Litera Montaña realizó su tradicional ascenso al Pico Aneto, el coloso de los Pirineos. La veintena de montañeros se reunió el sábado en la Besurta, procedentes de diversos lugares, y unidos encaminaron sus pasos hacia el refugio de La Renclusa bajo una fina pero persistente lluvia. En el refugio lo de siempre: una cena estupenda, el trato excelente y la comodidad, asegurada. Coincidieron con un grupo de Montañeros de Aragón de Barbastro que también acometerían al día siguiente el ascenso a este pico emblemático.

El domingo 19 de junio, muy temprano y aún de noche, con dudas sobre si la meteorología sería favorable, emprendieron el ascenso. Estrellas en el cielo y caían copos de nieve. Sin embargo, las maladetas despejadas. Había que intentarlo. Al poco, y gracias a esta primavera tan nivosa, tuvieron que calzar los crampones y desenfundar los piolet, que habrían de acompañarles hasta la cima. Poco a poco los montañeros progresaron hasta la puerta del glaciar de las Maladetas donde giraron hacia el Portillón Superior, que da paso al glaciar del Aneto. Una larga travesía por este monumento natural cubierto de una nieve blanquísima, caída las dos noches anteriores y que vestía de gala al objetivo del día, los condujo hasta el collado de Coronas, donde una pausa les permitió recuperar el resuello antes de acometer el “revientachulos”, situándose tras superarlo en la embocadura del famoso Paso de Mahoma. Aquí el viento y el frío hacían que no se pudiera estar mucho tiempo parado. Afortunadamente la cola no era muy larga y pronto pudieron superar la prueba final, el paso que conduce a la cima, que no todos afrontaron. La nieve y el hielo en un paso tan expuesto echó para atrás a aquellos cuya prudencia superó a su atrevimiento, dando por buena la antecima, que también es un gran logro. Los que sí que cruzaron lo hicieron bajo la atenta mirada y con la ayuda de aquellos miembros del grupo más experimentados, pero no hizo falta encordar a nadie. Tras una breve estancia en la cima, el grupo inició el descenso admirando las vistas a las montañas circundantes y el mar de nubes que cubría Francia. En ese momento un miembro del grupo mostró signos de agotamiento por lo que hubo de ser ayudado por sus compañeros a regresar, lo que se consiguió exitosamente, demostrando que la fuerza del grupo es mayor que la suma de la de sus individuos.

Algunos aprovecharon también para hollar la cima del Punta Oliveras, de 3.298m., cumbre ninguneada sistemáticamente por los montañeros que prefieren a su cercano “hermano mayor”, y que tiene un acceso fácil e inmediato desde la ruta de ascenso al Aneto.

Para todos, independientemente de si habían logrado la cima o no, fue un magnífico fin de semana montañero. Hay que destacar que para más de la mitad del grupo era su primer ascenso al Aneto y que una tercera parte del grupo no había subido antes a ningún pico de más de 3000 metros. Enhorabuena a todos.

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