Lustou, atrapados en la montaña


Bajo un sol abrasador, en la tarde del sábado 5  de agosto las mochilas van llenando maleteros y los montañeros del club Litera de Binéfar, resoplan y se acomodan en sus asientos para huir de este verano agónico que estamos pasando. En las montañas de Bielsa, gruesas nubes comienzan a cercar al sol presagiando la necesaria tormenta, mientras los del club de Binéfar continúan viaje hacia el valle de Rioumajou en Francia. Bajo el chorro de Pinarra,  la montaña se traga a los vehículos de los montañeros, que atraviesan el agujero negro y reaparecen en otra dimensión. Envueltos en niebla y oscuridad descienden por las sinuosas curvas que conducen a Sant-Lary, para coger 12 kilómetros antes de esta localidad el desvío hacia Tramezaigues. La carretera se adentra en el mágico bosque de Rioumajou y corre junto a las inquietas aguas del río en busca del área de acampada de Fredançon, donde quedará montado el campamento para pasar la noche y empezar al día siguiente la ascensión al pico de Lustou de 3023 metros. La niebla envuelve la montaña, y no nos permite disfrutar de este hermoso paraje en toda su plenitud, nuestra esperanza es que mañana haya levantado y llenemos nuestras retinas de las imágenes que hoy la boira nos oculta. La humedad no impide que cenemos todos juntos en la calle, y que en la sobremesa la botella de pacharán vaya de mano en mano desangrándose en nuestros vasos, y repartiendo buen humor entre los montañeros del club Litera de Binéfar. Una fina lluvia pone fin a la velada y vamos buscando acomodo, algunos en las furgonetas y otros en tienda de campaña, mañana toca madrugar y esperan muchos metros de ascensión. Habíamos dormido un par de horas, cuando el purgatorio en el que nos acostamos se convirtió en infierno. Una secuencia interminable de relámpagos habría el cielo para dejar caer una impresionante tromba de agua y granizo, que hacia salir corriendo a los ocupantes de las tiendas para guarecerse en los coches y a los que ya estaban en los autos, permanecer vigilantes ante el estrépito de los impactos de las bolas de hielo sobre la carrocería. Cuando por fin amainó un poco el vendaval,  y tras comprobar que no había habido daños intentamos dormir un poco con la esperanza de  que la tormenta pasara y diera paso a un magnífico día de montaña. Pero no fue así y los truenos y granizadas se sucedieron durante la noche y la lluvia nos acompañó hasta bien entrado el día. Con este panorama solo cabía retornar a España, a ver si en la cara sur del Pirineo la meteo era más benigna. Pero no habían acabado nuestras sorpresas, a los pocos kilómetros de regreso un alud de piedras, ramas y barro cortaba la carretera. Como éramos un buen grupo y no estábamos dispuestos a quedarnos allí comenzamos a quitar las piedras y con la ayuda de un piolet, cortamos  el tronco que cruzaba la carretera. Con el espacio justo y un barranco considerable al lado, pudimos atravesar el desprendimiento y seguir carretera abajo hasta que nos encontramos un nuevo obstáculo y de mayores dimensiones. Otra vez el grupo de ingenieros-zapadores del club Litera se puso manos a la obra y limpiamos y allanamos el terreno para que los vehículos pudieran pasar el desprendimiento con seguridad y escapar de la trampa en que se había convertido el bucólico valle de Rioumajou. De  vuelta en España el tiempo no es mucho mejor, y las nubes se aprietan contra las montañas soltando algún que otro chaparrón. Nos resistimos a volver a casa y nos acercamos hasta el valle de Pineta, donde el agua salta por todos los barrancos  y cortados. Caminamos hasta los llanos de Lalarri, disfrutando del magnífico espectáculo de los ríos embravecidos formando impresionantes cascadas, y rematando un fin de semana que no nos ha permitido cumplir nuestro objetivo, pero nos ha deparado mucha emoción y aventura lejos de la agonía del calor que estamos pasando en nuestra rutina diaria.

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